sábado, julio 29, 2006

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Pistolita - Oliver Under The Moon

Me disculparás, pero no me trago el emo. No puedo soportar a los adolescentes que odian a todo el mundo, pero no lo conocen porque se zurran de miedo de salir de sus cuartos. Esos que no se hablan con sus papás porque los gritaron, pero bien que compran sus parches y se hacen sus piercings con el dinero que les dan. Esas cuya película favorita es “Thirteen”. Tanto engreído y majadera se me hacen intragables. Hasta que tuve que escuchar Oliver Under The Moon. Debí sospechar por el nombre de la banda que ésa sería su onda y así hubiera incinerado el cd, pero una vez con los audífonos puestos, mi parecer tuvo que cambiar, digamos para bien. Pistolita es emo, tan simple como eso, pero tiene otros matices que hacen que no sean unos músicos quejones del montón. Debo comenzar por ahí: en Pistolita hay talento en la ejecución. Un cuarteto que suena afiatado, sin resquemores, sólido. Conor Meads en voces es convincente. Sí, reniega, pero sin deshacerse mucho la garganta en ininteligibles gritos aguardientosos. Hay líneas francamente patéticas (Monsters, monsters / hiding in the songbirds, “Papercuts”), pero mucha fe no le tenía a sus líricas tampoco. Mejores sopresas nos depara su sonido. Todas las canciones incluyen un piano ejecutado por el propio vocalista, que sin ser virtuoso, sabe acompañar. “Cupid” da inicio al disco con notas que yo juro son sacadas de algún tema del Siamese Dream. Fuera de las similitudes, por momentos Meads se esmera en sonar tétrico con solo un par de notas, y en otras su acompañamiento quiere hacernos creer que Ben Folds entró al estudio a tocar en el cuarteto (tal vez esa sensibilidad pop no sea extraña para alguien que hacía jingles profesionales para ganarse unos billetes). Eso en la parte calma. Pero hay furia también en este disco (Fugazi es influencia), llegando a tener buenos momentos. En “Voicebox”, te da la impresión que Alex Kapranos tomó la guitarra y les dijo cómo hacer las cosas. Lo hacen bien, el disco no satura a pesar del estilo, y los 12 tracks -alguna balada incluida- pueden soportarse (aunque tengo mis reparos oara con “Kill Joy” y el tema autotitulado, que parecen haber sido escritas por cualquier banda de esas que no trago). Piano-rock agresivo si no soportas el pop bonito de Keane. U olvida todo lo que he escrito, y pon uno At The Drive-In en la bandeja de tu equipo. Para qué perder más el tiempo…

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