miércoles, agosto 09, 2006

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Fleeting Joys - Despondent Transponder

¡No lo puedo creer! ¡Puta madre! ¡Qué bestia! Kevin Shields debe estar sollozando de la emoción. El disco que hemos estado esperando que edite Creation desde hace 15 años luego de aquel glorioso, seminal Loveless, llegó. Se llama Despondent Transponder y el monumento se lo debemos erigir a una novel banda de Sacramento, California: Fleeting Joys. Un grupo que ha rebalsado la copa de su debut con cataratas de capas de radiante feedback (prepara un impermeable porque se te viene un imparable chubasco de éter, no bromeo). Ahora, resarciéndonos un poco de la euforia inicial, suelto una duda: ¿cómo una banda salida de un punto geográfico agobiado por un calor ideal para el veraneo hace música como si hubiera vivido desde siempre aletargados bajo la neblina grisácea de las islas británicas? Es justa la interrogante. Porque la anglofilia que trazuma este Despondent Transponder es hasta cierto punto, asfixiante. John en las guitarras y Rorika con el bajo y agregados electrónicos, los integrantes de la banda (a quienes se les suma Matt McCord, invitado en la teba) elaboran temas que, francamente, son deudores de todo un género, y resulta sospechoso. Porque “Magnificent Oblivion” suena demasiado parecido a “Only Shallow” de My Bloody Valentine. Y cuando no es MBV, es Slowdive: “Satellite” es un track perdido del Souvlaki. Es un disco auroral, que revienta en un extasis de delays y chorus, y demás efectos de pedaleras (”Young Girls’ Fangs”), e incluso con coqueteos noise + melodía tipo Sonic Youth en “I Want More Life”. Tal vez lo de Fleeting Joys sea un accidente. Grato, de hecho, pero para tomarlo con calma. Teniendo en cuenta el humor depresivo con el que quieren impregnarnos en sus temas (desde las voces cansinas y nostálgicas tanto de John como de Rorika, hasta con títulos como “The Breakup” o “Lonely Crawl”, el nombre del disco (que se traduciría como “Receptor Desanimado”), e incluso de la misma banda: Alegrías Efímeras. Eso me sabe tan 1991… La imagen de Xerox no será fácil de alejarla de tu cabeza una vez acabe “Patron Saint”, el tema final del cd. Queda claro que para esta placa no te será difícil reconocer el origen de sus sonidos, ya sea algún album de Cocteau Twins, ya sea el canto de una ballena, y tal vez por eso, Fleeting Joys ha conseguido impactar. Y por el momento, es suficiente para una sonrisa.

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